domingo, julio 12, 2009

Los días sin Carmen. Día 30 –Sábado 11 de julio

Ayer empecé por fin con El dinero del diablo de mi amigo Pedro. Llevo setenta páginas y muy lúcidas cada una de ellas. Mantiene el estilo plasmado en su trilogía de los sacrificios históricos. Al rato espero leer otras setenta páginas o hasta donde el sueño me deje.

Pensé que situación de reencuentros se iba a quedar con Ingo, Gil y otros amigos del Benavente, pero no, hoy, a través del chat de facebook pude platicar con Alma Flores Becerra, ahora convertida en María Alma Lester. Cómo cambian las cosas. A mí mente vinieron varios recuerdos, todos agradables. Es una amistad entrañable que extraño, que a veces necesito. Pero ella prefiere la distancia, el silencio, por miedo a la añoranza, al recuerdo.

Cosa curiosa, Carmen piensa igual que Alma. Ambas prefieren el silencio, un extraño anonimato, para hacer más sencilla su estancia.

Mañana se cumple un mes de haber dejado a Carmen en la terminal de autobuses poblana.

viernes, julio 10, 2009

Los días sin Carmen. Día 29 –Viernes 10 de julio

Hoy no tuve ganas de hacer nada y por si fuera poco, creo que me va a dar gripa. Llevo trescientas páginas de La Ilíada, me faltan setecientas, pero haré un descanso y así poder leer la novela de Pedro Ángel: El dinero del diablo.
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La casa tiene un ambiente extraño, se respira pesado y no sé la razón.

Filosofía pingtajesca

"cuando buscas no encuentras, cuando no busques, encontrarás"
A. Godínez

jueves, julio 09, 2009

Los días sin Carmen. Día 28 –Jueves 9 de julio

Un jueves como cualquier otro. A buena hora fui a hacer acto de presencia al Covadonga y a armar, con otro profesor y algunos alumnos, una par de frases que se colocarán en el área de preparatoria para que los alumnos se motiven, se inspiren.

Los días sin Carmen. Miércoles 8 de julio

Otro día que rompe con la rutina reciente, pero tampoco muy memorable. Por la mañana mi hermana, mi papá y yo le dimos a mi madre su regalo de cumpleaños: un conejo de peluche enorme. Después parí rumbo a la medalla milagrosa donde se celebraría la misa de fin de cursos del Covadonga, colegio en el que trabajo.
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Ya en la noche fuimos con mi madre a cenar a un restaurante denominado El balcón, cosas típicas de la comida mexicana es lo que ahí se puede disfrutar. Luego, el encierro y el regreso a la realidad.

Los días sin Carmen. Día 26 –Martes 7 de julio

Todavía no salía el sol y ya estaba listo para salir con mi jefe rumbo a la CAPU, pues iríamos al Distrito Federal para visitar a Paola Tinoco de Colofón y Norma Bautista de Random House Mondadori, quienes me iban a obsequiar libros para poder reseñarlos en la columna que escribo cada semana para El Columnista.
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Salimos de Puebla a las nueve de la mañana, para llegar al Distrito Federal cerca de las once de la mañana. El metro como siempre fue nuestro transporte más eficaz, ¿acaso hay otro en el DF? El traslado a cada una de las editoriales fue largo, pero divertido y sin duda valió la pena. Después de visitar, de saludar a Paola y Norma, nos metimos a las entrañas del Centro Histórico para hacer unas cuantas compras y luego a comer, tan merecido que lo teníamos.
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Cerca de las siete estábamos abordando el camión que nos regresaría a Puebla, pero a mitad del camino la lluvia apareció, hecho que nos atrasó de tal manera que entramos a Puebla casi a las diez de la noche.
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Un día diferente que vino a romper con la rutina de las últimas semanas y de paso la caminata hizo que regresarán las ganas de dormir.

¿Plagio o intertextualidad?

Diario Milenio-Puebla (09/06/09)
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Escribe el poeta Alejandro Aura en Volver a casa, Premio Aguascalientes 1973, que “por encargo del Rey/ se informa/ a los que componen cantos/ que a partir de ahora/ lo que se llamó plagio/ pierde su carácter de delito/ y se autoriza su práctica/ desmedida/ a fin de que en la tierra/ vuelva a florecer/ el canto colectivo”. Se trata de un poema llamado “Intermedio anímico”.
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El poema de Aura lo cito porque el jueves anterior se presentó en Puebla, en la librería Profética, el poemario de Javier Sicilia Tríptico del desierto (Premio Poesía Aguascalientes 2009), en medio de lo que muchos interpretaron como una acusación de plagio por parte del crítico Evodio Escalante y publicado en "Laberinto", suplemento cultural de Milenio.
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El poema de Aura celebra que las canciones pudieran ser de todos. El libro de Javier Sicilia es, digámoslo así, un tanto tramposo.
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En una entrevista radiofónica, Sicilia se defiende de la acusación de Escalante y recurre al recurso de la intertextualidad.
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Helena Beristáin, en su clásico Diccionario de retórica y poética, define a la intertextualidad que ésta se da en la relación del texto analizado y otros textos leídos o escuchados. Así, un texto puede ser un collage de otros textos pero, lo subraya bien Beristáin, los textos evocados deben ir entre comillas o cursivas o como plagios (Kristeva).
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Lo anterior hace escribir a Daniel Saldaña París que las comillas son una especie en extinción.
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Transcribo parte del texto de Daniel Saldaña: "El crítico Evodio Escalante ha hecho bien en llamar la atención de la comunidad literaria hacia un fenómeno inquietante, escandaloso: las comillas están desapareciendo.
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"Esos signos menores, que sobreviven mal colocados en los carteles de las fondas (Favor de cerrar la puerta al salir. ‘Atentamente’, ‘la administración’. ‘Gracias’), aparecen cada vez menos donde tendrían que estar: en los libros de poesía.
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Muestra de ello es el galardonado Tríptico del desierto, de Javier Sicilia (…) Escalante olvida en su fervor, que el mismo Eliot, por quien voluntaria y voluntariosamente aboga en la corte de la originalidad, atentó contra las comillas en no pocas ocasiones, plagiando descaradamente o modificando apenas algunos fragmentos de la Biblia, de Shakespeare, de John Donne y de muchos otros, sin tomarse la molestia de indicar sus fuentes."
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¿Esto último justifica entonces el plagio o la intertextualidad, provenga de donde provenga? No lo creo. Si, como lo ha dicho Javier Sicilia, él trabaja su poesía con el recurso de la intertextualidad, estaríamos de acuerdo, muy de acuerdo con él, siempre y cuando, en efecto, usara las comillas o las itálicas, que para algo deben funcionar.

miércoles, julio 08, 2009

"Un monumento a Krauze"-(Columna "El Guardián del diván"-Diario “El Columnista” de Puebla- 08/07/09)

A Carmen, porque las calles Puebla también te extrañan.
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En el año 2007 las grandes editoriales: Fondo de Cultura Económica y Tusquets se reunieron para organizar un homenaje al historiador, promotor cultural y crítico: Enrique Krauze, con motivo de sus sesenta años de vida. A ese homenaje asistieron sus amigos y colegas del camino: Sabina Berman, Roger Bartra, José de la Colina, Gabriel Zaid, Christopher Domínguez Michael, José Woldenberg, Hugo Hiriart, Mario Vargas Llosa, Miguel Ángel Granados Chapa, entre otros más.
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Lo expresado en ese homenaje, ahora, ha sido publicado por las mismas editoriales que se encargaron de organizar el evento y los textos fueron recopilados por Fernando García Ramírez en una antología que atinadamente se llama: “El temple liberal. Acercamiento a la obra de Enrique Krauze”.
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Para los que no pudimos asistir al homenaje, esta publicación debe agradecerse, pues más que una reunión de textos que se erigen como un monumento de bronce o de piedra -de esos que se levantan en todo México para recordar a aquellos héroes que han forjado patria, por cierto, liberales todos en su mayoría-, es un estudio crítico a la aportación de Krauze en el México actual. Los textos hacen una interesante revisión por las facetas más importantes de Krauze: historiador, empresario cultural, crítico, observador político y, por si faltará más, la parte humana ya como amigo, ya como padre. Hay textos que, quizá, puedan estar cargados de excesivas flores, otros más se comportan neutramente y se enfocan a analizar un libro en particular o una fase krauziana. Pero ningún texto está fuera de lugar.
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La figura de Krauze está envuelta en mucha polémica, debido a su acaparamiento en la opinión pública nacional y a ese emporio cultural que nació gracias al foro que le brinda Televisa, pero sin Clío muchos mexicanos no tendrían una mínima idea de la Historia de su país y muchos escritores no hubieran tenido tanta voz y difusión si no es de la mano de “Letras Libres” (herencia de la “Plural” y “Vuelta” de Octavio Paz).
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“El temple liberal” es un libro que ofrece al lector una serie de ideas sólidas para considerar, desde ya, a Krauze como una de las personalidades más representativas de la cultura en la historia nacional.
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La publicación de libros que celebren la vida y obra de algún autor en particular es una tradición literaria que vale la pena continuar porque es una forma de fomentar el debate, hoy tan descuidado y en algunos casos estropeado.
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No hay mejor forma de homenajear a un personaje del tamaño de Krauze que esta.

La claridad de los libros oscuros

Diario Milenio-México (07/07/09)
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Leí por primera vez El Quijote hace muchos años, en una de esas versiones abreviadas, con frecuencia acompañadas de ilustraciones de dudosa calidad, que se anuncian como productos especialmente diseñados para niños. La premisa detrás de estos libros delgadísimos es que los niños, aunque en realidad se refieren a todo mundo, evitan por naturaleza internarse en mundos complejos y profundos, prefiriendo el resguardo de lo familiar y lo breve y lo explicado. Los niños, dice esa premisa, son, por naturaleza, lectores de best sellers. Así las cosas, ese Quijote diluido y abreviado, amén de generosa y atrozmente ilustrado por manos que hacen bien en permanecer anónimas, dejó poca huella en mi memoria de lectora.
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Leí, luego, secciones de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha en la secundaria y ya bastantes capítulos enteros en la preparatoria, pero siempre con ese temor de quien se aproxima a un templo o, peor, como quien toca letras en braille sin ser ciego. Temía no ser capaz. Albergaba la noción de que, para abrir esas páginas, se necesitaba algo más. Una Gran Obra de la Literatura Universal se abría ante mí con las mayúsculas del caso y, en reacción automática, yo cerraba los ojos aún antes de que sobre mí cayera la iluminación adscrita a sus letras. Sabía, como se saben esas cosas, nomás así, de saberlas, que había que leerlo completo y bien, pero en realidad no lo volví a tomar otra vez sino hasta los años universitarios.
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A medida que lograba convencerme, no sin cientos de batallas internas, de que esa extraña ocupación que devoraba mis horas —escribir— iba a ser algo permanente, también me convencía de que, si iba a continuar haciendo lo que hacía —escribir—tenía que internarme por los caminos de la Mancha con cuidado y con seriedad. De esa lectura que fue, en efecto, seria y cuidadosa, tampoco logré conservar grandes recuerdos. Recuerdo, eso sí, que abría la edición de Alianza Editorial, que, por cierto, un amigo mío había logrado expropiar de las garras del capitalismo en alguna librería del sur de una gran ciudad capital, con una gravedad que ahora me resulta cómica, por no decir ridícula. Iba por los caminos de la Mancha como quien va o hacia la guillotina o hacia la calistenia. Me trepaba sobre el lomo del rocín aquel como si tuviera una deuda que pagar. Tanto me habían dicho que los libros importantes eran difíciles y que los libros difíciles eran oscuros, que al paso de los años terminé por creerles. Y me convertí, por fortuna sólo por un tiempo breve, en una lectora más bien timorata, preocupada continuamente por “entender” el texto o por “captar” la intención o el mensaje del autor o por avanzar a toda prisa por la anécdota para buscar al final la solución al acertijo. Me tomó tiempo, y la placentera, eufórica, apasionada lectura de muchos libros descritos como difíciles, advertir el engaño. Luego, me tomó más tiempo el denunciarlo: ni los niños ni los adultos son lectores naturales de best sellers, ¡válgame dios! Uno no lee libros para “entender” o para “captar” nada. Uno lee libros para jugar, de preferencia para jugar ajedrez con el Extraño que todos llevamos dentro. Uno lee libros (¿habrá que decirlo de verdad?) por placer.
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¿Cuántas lecturas placenteras de Pedro Páramo han dejado de ocurrir sólo porque alguien desde una de esas sillas altas que quedan en la punta misma de una torre de marfil ha dicho que se trata de una obra difícil por lo hermética? ¿Cuántos jóvenes de 20 años han seguido la recomendación de Deleuze y Guattari respecto a que esa es la mejor edad para emprender la primera lectura del Anti-edipo? ¿A quién le conviene que los lectores, o los futuros lectores, piensen que las obras complejas son por naturaleza herméticas y, por lo tanto, imposibles de leer? ¿A qué tipo de autoridad le conviene que los lectores, o los futuros lectores, piensen que las obras complejas sólo pueden ser leídas por lectores altamente especializados o por los lurias lectores tocados por algo más allá de sí mismos? ¿Quién o qué se beneficia describiendo a los libros que retan al lector, demandándole una participación activa y, si se puede, orgiástica dentro (y fuera también) de sus páginas como obras oscuras que es mejor dejar de lado? ¿A quién defienden en realidad los apologistas del best seller?
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Vivimos en una sociedad que premia el esfuerzo calculado o la más ramplona de las facilidades: o se es productivo o suertudo (o corrupto), pocas cosas a la mitad. Vivimos en una sociedad que desprecia las labores del espíritu para congraciarse, en su lugar, con las reacciones automáticas producto del miedo y la humillación que suelen beneficiar tanto a los Grandes Señores del Mercado. Es difícil correr un riesgo en estas circunstancias. Es difícil levantarse un día pensando: tomaré un viaje justo al borde del abismo nomás para ver hasta dónde puedo llegar. Por gusto. Por ardiente curiosidad. Porque es posible. Eso, entre otras cosas, es lo que enseñan los grandes libros. No se inventa todo un nuevo género, como lo hizo Cervantes, creyendo que es preciso reproducir lo familiar o evitar la zambullida en albercas desconocidas. Tampoco es necesario, como lo anota en el revolucionario prólogo de la obra, alejarse de las múltiples capacidades del lector en cuyas manos pone el destino final de sus letras: “Procurad también que leyendo vuestra historia el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave lo la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”. Polimorfo en su figura, este no es el lector al que hay que darle las cosas masticadas ni diluidas. Se trata de un lector en el que se puede confiar. El compañero de juego que se inventan a veces los niños.

martes, julio 07, 2009

Los días sin Carmen. Día 25 –Lunes 6 de julio

Un lunes que extrañamente inició temprano, a las ocho de la mañana. Lunes de baño matutino y huevos con tocino, acompañados de una bebida cítrica naranja-mandarina. Lunes de recibir libros, a mi puerta han llegado El dinero del diablo del amigo Pedro Ángel, La sombra de lo que fuimos de Luis Sepúlveda y Un dulce sabor a muerte de Agustín Sánchez González. Lunes de ir al Covadonga a estar un rato con los colegas profesores y debatir de política, religión, historia, fútbol y lo que pudiera compaginarse, siempre bajo el humo de un café. Lunes de saludar en Profética a Arturo, pagarle una deuda de crack-ups y de caminar un rato por el centro. Día de hallazgos económicos y atractivos: Los diarios de motocicleta, la película, en cincuenta pesos, luego verla por la noche para sentir algo dentro, una mezcla de añoranza, de recuerdo, de vacío, de dolor. Ganas de llorar y de matar a todo aquél que ha cometido alguna injusticia de índole racial, laboral o social.
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Día de encontrar dolorosas certezas: ella es la indicada para mí, pero, quizá, me quedé corto en comparación con lo que ella se merece. Noche de saber qué día con día tropiezo más ante ella, y eso que está lejos. No soporto la sensación de saber que probablemente la estoy perdiendo y no entiendo por qué.
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Duele el silencio.
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Curiosidades de la vida, ella que no simpatiza con el “Che” Guevara, sin embargo, tiene algunas similitudes en el actuar y el pensar con el afamado guerrillero.
Mañana es un día pesado, hay que descansar un poco.

lunes, julio 06, 2009

De honduras democráticas

Diario Milenio-México (06/07/09)
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1 El Pacto de Managua
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Hay términos elásticos a su pesar, como es el caso de democracia. Si hubiese que dar crédito al reclamo de todos los tiranos de este mundo, encontraríamos apenas un puñado que aceptara ser antidemocrático. Si los jerarcas de Alemania soviética tuvieron la humorada de bautizarla como Democrática y ahora mismo Ahmadineyad y Jamenei celebran la victoria de su caricatura democrática masacrando, apresando o secuestrando a quien no está de acuerdo, cualquier cosa podría caber en el término; democracia sería por fin aquel vocablo hueco y vacío en que sus enemigos buscan transformarla. Da hasta risa escuchar a los autoritarios más plantados en el papel de amigos de la libertad, pero provoca grima certificar que a estas alturas hay quien les hace caso. Debe de ser trabajo de un mal humorista, se dice uno entre risa y horror, ese grotesco sketch donde aparecen Raúl Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega —tres militares de ímpetus imperiales y cara extradura— pontificando en torno a la democracia y denunciando “intervención extranjera” en la frágil república de Honduras, apoyados por una pronta corte de papanatas.
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Ahora mismo, a la hora en que el Mártir Empijamado vuela hacia su país nada menos que en un avión venezolano, sus partidarios no tienen empacho en anunciar que al mando de la nave va un “capitán bolivariano”. Por lo visto, varios de los demócratas que animan el regreso de Manuel Zelaya —ayer tirano en ciernes, hoy prócer democrático— a tierras hondureñas, verían la hipotética intervención de soldadesca venezolana con el mismo entusiasmo que en su momento dispensaron al despliegue de tropas del Pacto de Varsovia, eufemismo muy útil para encubrir las invasiones soviéticas, realizadas en el nombre de una entelequia no muy distinta de lo que los chavistas apodan democracia. Un despotismo hipócrita y paternalista que no acepta la réplica ni da espacio a las dudas, en nombre de un discurso mesiánico descontinuado y tétrico, no muy distinto del que hace varias décadas abanderaba la derecha más silvestre.
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2 La ley del buscapleitos
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Nada tiene de nuevo que a un mando autoritario lo sostenga el pavor que inspiran los rufianes. Cada que puede —y puede todo el tiempo— el golpista Hugo Chávez lanza bravatas contra enemigos reales y potenciales, la mayoría perfectamente aplastables por el poder omnímodo que ha logrado construirse. Tantas y tan sonadas resultan sus soflamas que ya campea el miedo a malquistarlo. ¿Cómo entender, si no, la cándida idiotez de quienes expulsaron a Zelaya de Honduras y con ello invirtieron los papeles, en vez de procesarlo por pisotear las leyes a sabiendas? ¿Qué otra cosa, si no el síndrome trágico de Neville Chamberlain, justifica que José Miguel Insulza —hombre civilizado donde los haya, a quien Chávez tachara de pendejo— no pierda la oportunidad de dar gusto al fascismo de boina roja? A juzgar por las últimas declaraciones del canciller más solo del mundo —el hondureño Enrique Ortez, que recién llamó a Obama “negrito” y lo acusó de no enterarse de nada— da más miedo enfrentar a la gavilla bolivariana que a los demás gobiernos del orbe. Nadie mejor que los hermanos Castro sabe cuánto respeto impone entre los pusilánimes el victimismo en armas del barbaján que insulta a diestra y siniestra y jura estar dispuesto a cualquier cosa, como el demente que amenaza a la turba con volarle los sesos a un niño.
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Uno de los pilares de la hipocresía consiste en el talento para acusar al otro de hacer lo que uno hizo, o piensa hacer. Eso que los expertos llaman pleito ratero: el agresor usurpa el estatus de agredido y en adelante goza de impunidad perfecta. A su vez, los testigos del desaguisado prefieren suscribirse a la versión torcida de los hechos antes que ser sumados al copioso listado de complotistas a diario cacareado por la falsa víctima. ¿No es cierto que es más cómodo y al cabo conveniente formar parte del club de buenas conciencias, en lugar de vivir bajo el intenso asedio de calumnias, insultos y golpes bajos sin número ni madre? Algo apesta entre tanta corrección diplomática, si los que hablan en nombre de la democracia son justo quienes viven de bombardearla.
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3 La danza de los barriles
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Uno de los aspectos más detestables de una tiranía —su ventaja mayor, para el esbirro— tiene que ver con la administración discriminante, que es la divina facultad de dar o arrebatar derechos y privilegios, según la sumisión del ciudadano, cliente o compañero. Mientras los hondureños tuvieron al subcomediante Zelaya por mandamás, el petróleo les costó una bicoca. Hoy, cuando sus antiguos compinches —no muy distintos de él, vale decir— han echado de Honduras al aspirante a sátrapa, su castigo es quedarse sin ese combustible por sí mismo capaz de transformar repúblicas en satélites, cuando no presidentes en mayordomos. La libertad, se dice, carece de precio, pero el petróleo sí que lo tiene, y de hecho se cotiza por encima de ella, cuando menos en la experiencia de quienes lo abaratan selectivamente, a cambio de una cierta sumisión positiva. Es decir religiosa, total e incontestable. Al tiempo que el debate en teoría democrático toma forma entre insultos y razones, bajo la superficie la cosa se reduce al precio del barril. El comprador ya sabe que lo que no ha pagado con moneda corriente, lo saldará en recortes de libertades —previa distribución de privilegios rigurosamente condicionados y derechos en calidad de préstamo.
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Pobre señor Insulza. Demócrata intachable, inteligente, culto y de probada decencia, debe elegir entre llevar el agua a uno de dos molinos indeseables, y termina siguiendo a pie juntillas el guión de quienes menos lo respetan. Él, que alguna vez dijo que el principal problema del populismo es que cree que es posible repartir lo que no se tiene, ha de sacar la cara por ese adefesio. Apostar, en el nombre de la democracia, por los dinamiteros de la democracia. O de cómo borrar con el codo lo escrito con la mano. Qué ingratitud, para un demócrata de cepa, tener que hacerse el tuerto y pretender que ignora lo que todos sabemos, no sea que se le enojen sus peores enemigos —que no respetan reglas, ni tratos, ni opiniones distintas— y les dé por meterse en más honduras.

Los días sin Carmen. Día 24 –Domingo 5 de julio

Día de elecciones y hay que ir a votar para sacar al PAN del poder, esa fue la única razón que provocó me levantará a buena hora. Luego el demás día, me dediqué a dormir, ja.
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Ya entrada la tarde, desperté porque la lluvia hizo su número del día, pero de la forma más extraña: medio nublado y con sol en su mayoría en el cielo. Quizá era un anuncio de lo que sucedería horas después.
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Ya es lunes y estoy escribiendo esto, he cambiado mi reloj en vacaciones, vieja y antigua costumbre. He terminado de redactar la columna de esta semana, pues el martes parto a México en busca de unos libros. Son casi las tres de la mañana y todavía veré “Quisiera ser millonario”
Mañana, al rato, es día de evento en el Covadonga, entrega del “Chupón de oro”, a ver qué tal.

sábado, julio 04, 2009

Los días sin Carmen. Día 23 –Sábado 4 de julio

Sábado dedicado al descanso total, a pasear a Cooper y leer un rato. Me conecté tarde y me enteré que Carmen estuvo un rato en la red. Tanto tiempo sin platicar y no pudimos toparnos.
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Cada que mis amigos me preguntan por ella y explico la razón, terminan diciéndome: lo siento. Ánimos. Ayer fue el turno de Roberto m. Garcilazo. ¿Acaso, ellos, piensan en un final que no he visto o no quiero ver?, no sé. No creo que termine mi relación con ella. Sé esperar, la vida me enseño a ello. La última palabra es de ella.
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Mañana es día de voto. Es la primera vez que votaré desangeladamente, aunque sí llevo un objetivo: evitar que el PAN tenga más cancha de poder. Malnacidos conservadores de mierda

Los días sin Carmen. Día 22 –Viernes 3 de julio

El viernes fue un día diferente, permanecí un rato en la casa con mi hermana. Viernes de aseo en la casa, la señora que nos ayuda se encontraba en nuestros cuartos; nosotros respetamos al sueño y dormimos en la sala, cada quien se adueño del sillón más apropiado a nuestra estatura. A las cuatro de la tarde, ya bañados y yo arreglado, decidimos que era momento de desayunar-comer, el menú por cabeza: tres hot cakes y un tanto de huevo con jamón enchipotlado.
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Terminado el desayuno-comida partí al centro para encontrarme con Arturo en salón barroco y asistir a la graduación de Andrés, Leo y Jenny. La sorpresa es que ahí estaba Israel, siempre sí pudo llegar. Al final del evento junto con Arturo e Israel partimos a La Oriental a comer algo, pues nos quedamos con el antojo de botanear algo en el brindis de graduación, todo voló. Después nos encaminamos a nuestras respectivas paradas de micro y así poder llegar a la casa de cada uno.
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Ya estando en casa, cené un rico queso fundido y luego me conecté para no romper la tradición. Por la noche me encontré vía facebook con Fernando Gil, un amigo de la infancia, años de no saber de él, platicamos un rato y quedamos de vernos pronto para rememorar aquellos días donde Michael Jordan era la aspiración de muchos.

Banderines-Álvaro Enrigue (El Universal-Opinión 04/07/09)

Hay que empezar por aceptar que no todas las tradiciones son ni tan buenas ni tan bonitas como de pronto nos ha hecho pensar el conservadurismo de los mensajes positivos que la tele se siente obligada a emitir entre las barbaridades de los noticiarios y las necesidades dramáticas de los culebrones. Hay tradiciones que son más bien calamidades, como la que representan esos insoportables vienevienes melódicos que son los organilleros —hostigando con su gorrita por un servicio que nadie les pidió y a nadie le gusta— o esa manía horrenda y supongo que prehispánica —de la que ya hablé en algún otro espacio— que consiste en escribir en las paredes de los negocios todo lo que venden esos negocios.
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De todas las tradiciones mexicanas que deberíamos esforzarnos por abatir hoy en la mañana, la peor de todas siempre me ha parecido la de gozarse en las caras gigantes. ¿De dónde viene esa misteriosa pasión por llenar el Periférico de cabezas de señoritas anaranjadas con los labios inyectados, de argentinos monoceja con la camisa abierta hasta las tetillas? En todo el mundo un whisky se anuncia con un whisky; aquí con un papuchín que no se afeitó.
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En el contexto de este gozo por arruinar el paisaje urbano —cuando lo hay—, la más horrenda de todas nuestras tradiciones es la de los banderines de plástico con la cara de un candidato a algo que nunca se entiende qué es. ¿De verdad nuestra clase política secundaria supone que exhibir su cara de diario pero ultramaquillada en cada poste de luz sirve para algo? En una ocasión un despistado me invitó a formar parte de un partido político muy urgido de cuadros: el plus que ofrecía, lo juro, era un póster con mi cara retacando el barrio. Si alguna vez soñé con la política —en realidad no—, aquello era para salir despavorido.
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Definitivamente no creo en la chulada de anular el voto: lo que parecía una propuesta creativa para castigar la avaricia de los partidos políticos se nos convirtió, quién sabe cómo, en un salvavidas para una sociedad con una crisis de autoestima tan honda que se avergüenza de votar. Sin embargo, el espectáculo de las carotas de los candidatos alegrando Coyoacán me hace pensarlo dos veces.
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De las urnas voy a salir deprimido y pensando ¡qué hice!, como todos los habitantes de un país con la autoestima de una planta de epazote, pero en el fondo voy a estar contento: vote por quien vote, la cara gigante de Laura Esquivel va a dejar de juzgar desde cada esquina de mi barrio las miserias de mis regalías.

Voto en gris-Nicolás Alvarado (El Universal-Opinión 04/07/09)

En efecto, votar en blanco nunca me pareció una opción. No que no lo considere justificado y justificable: me siento tan poco representado por cualquiera de los partidos como el que menos y, además, ninguno de ellos se me antoja una opción viable de gobierno ni se me figura siquiera remotamente preocupado por devenirlo.
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El asunto, entonces, habrá de responder a un principio irrenunciable: la idea de que los esquemas clientelares constituyen lo más pernicioso de nuestro sistema político. Así, este domingo bajaré a votar —si digo “bajaré” y no “iré” es porque el patio de mi casa, que es particular pero tiene conciencia cívica, habrá de albergar una casilla— sólo por contribuir con lo mío a evitar que ésta sea una elección en que triunfen los bejaranos y los basureitors: una, pues, que se defina en una guerra de aparatos.
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Sé ya cómo he de ejercer dos de mis tres sufragios. Para diputados federales y locales daré un voto convencido, aunque no orgulloso, al PSD, partido que me hace recordar una cita de La dama de las camelias de Dumas junior (ni modo: así de melodramático me pone nuestra política): “Es demasiado pero no es suficiente”. En efecto, hay propuestas del PSD que me parecen demasiado… es decir, demasiado buenas para ser ciertas. Legalización de las drogas para combatir al narcotráfico: de acuerdo. Despenalización del aborto: de acuerdo. Derechos de las minorías: de acuerdo. Demasiado, pues, en un país cuyos partidos tradicionalmente progresistas se han revelado siempre más tradicionales que progresistas, pero insuficiente para quienes aspiramos a que un partido equivalga a un proyecto de nación. Me pronunciaré, pues, por algunos puntos de una agenda y no por un proyecto (y es que no hay tal).
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Lo del jefe delegacional está más complicado. Dado que ese voto no cuenta para el Congreso, no lo desperdiciaré en un partido sin posibilidad de triunfo. Restan PAN, PRI y PRD. En mi delegación, el aspirante perredista es un graduado de las sombrías Brigadas del Sol de Bejarano: descartado; del priísta poco sé, a no ser por su fama de mitotero y por esos espectaculares en que se deja fotografiar con cara de iluminado, en una estética redolente del más puro realismo socialista: otro descarte. Me queda el PAN, partido con el que nunca he coincidido, pero que, en tan desolador contexto, será mi pioresnada.
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No votaré, pues, en blanco sino en gris. En el gris de lo triste, de lo desvaído, de lo indiferente. Y, sobre todo, de lo mediocre.

Votar o no votar-Pedro Ángel Palou (El Universal/Opinión 04/07/09)

Este dilema nos mueve a todos este sábado. ¿Iré mañana a emitir mi voto? Muchas cosas me pasan por la cabeza. El costo de la democracia en México. El excesivo financiamiento a los partidos no puede ser castigado anulando el voto. No en una democracia sin segundas vueltas o mecanismos maduros de referéndum y reelección —no elegir nuevamente a un mal gobernante sería un castigo más fuerte que votar en blanco o por Esperanza Marchita, la fantasmal candidata que algunas organizaciones civiles han construido con la idea de que pudiese haber un recuento y alguien diga el porcentaje no de votos nulos, sino de sufragios emitidos a esa dama que nunca hubiésemos querido ver en nuestra incipiente democracia niña-no adolescente, como ha dicho Fuentes. Nuestra democracia en pañales, que no representa a nadie, ni le dice nada a la gente.
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No votar es válido ante una partidocracia que ha sustituido al presidencialismo utilizando lo mismo la franquicia política, el chantaje, el fraude, el miedo y la amenaza. Una clase política, casi sin excepción, que ha olvidado las ideas y las propuestas por eslóganes y costosas campañas.
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Un extranjero que viniera al país no dejaría de alarmarse con el mal gusto, incluyendo los del propio organismo electoral. Hay partidos que apelan a la falta de memoria y utilizan símbolos en los que hace tiempo no creemos, como la Selección Nacional; hay otros que hicieron insoportable a una niña que seguramente fue simpática y ahora dirige cine; unos más vociferaron hasta la mudez, quizá porque habían enmudecido ante su incapacidad manifiesta. Otros más, a pesar del color que representan, abogan por la pena de muerte en un franco retroceso.
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Las campañas se han convertido en un circo donde la única función tiene que ver con la inseguridad. Hay un lema particularmente analizable, el de un candidato a delegado: “Sólo el que sabe se atreve”. Otro candidato promete: “Seguridad o renuncio”. En caso de ser elegido podrá simplemente limpiar la oficina antes de firmar su salida. Como si eso pudiese prometerse en un país marcado por la descomposición política, el narcotráfico y la violencia, que se detendrá de golpe la inseguridad.
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En México un candidato —a pesar de lo que diga la Constitución— no puede postularse de forma independiente, sin partido. La pregunta es si tenemos futuro o si queremos que lo que pasa en Honduras ocurra aquí un día.
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Yo sí voy a votar mañana.

viernes, julio 03, 2009

Los días sin Carmen. Día 21 –Jueves 2 de julio

Penúltimo día de la semana que lucio soleado, nublado, lluvioso. Estuve un rato en profética platicando con Arturo y luego fui a enviar un paquete que Carmen me pidió, por la tarde estuve en casa conectado al facebook, donde pude platicar con Pedro Ángel, una rica plática, como todas las que se tienen con él.
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La noche del miércoles charle por teléfono con Sergio Pitol, una persona que me sigue causando ternura y preocupación, sus problemas de habla cada vez son más severos. Ojalá se recupere pronto. Quizá pronto nos veamos en Puebla para charlar.
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La Ilíada es pesada, no lo niego, pero creo tiene cosas interesantes, no es mi estilo de lectura, además está tan sacralizada que pierde el poco o mucho encanto que pueda tener. Pero a ver cómo se va dando.

jueves, julio 02, 2009

El hotel boutique-Pedro Ángel Palou (El Universal-Opinión 02/07/09)

De un tiempo a la fecha han proliferado ciertos establecimientos que no llegan a hotel y cuyas pretensiones les impiden quedarse en el modesto grupo de los confiables hostales. Existen dos tipos claramente diferenciados: los que parecen una casa (o lo fueron y a la muerte de la longeva abuelita conservan los muebles, las mullidas alfombras, las viejas porcelanas) y los remodelados por costosos arquitectos y diseñadores japoneses.
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Hace seis días, por motivos de trabajo, pernocto en un hotel boutique —la persona que me recogió en el aeropuerto y me trajo aquí lo pronunció en cursivas, lo juro. Está en Palermo y es como la casa de mi abuelita. El barrio merece un artículo aparte. En sus caminatas juveniles, cuando aún veía, Borges venía hasta aquí, al arrabal, a la casa de su admirado Evaristo Carriego. He visto la casa, por cierto, y espero que nunca la conviertan en hotel boutique, para bien del recuerdo y la milonga.
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Unas cuadras, después de la vía, se llega a Palermo-Soho, lugar lleno de restaurantes y jóvenes parejas y en donde Francis Ford Coppola compró una casa y, sí, no lo van a creer, después de rodar una película, decidió convertirla en hotel boutique, la puta que los parió, como diría un chófer de taxi que no daba con mi posada de lujo:
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— Pero si es una casa familiar, che —me comentó cuando al fin dimos con el sitio.
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— Pero mire, no se ofenda, ese letrero, esas mustias letras dicen el nombre de mi hotel.
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— Y sí… como yo le digo a mi hermano, si alguna vez reencarno en argentino, haré de mi casa un hotel. Si serán boludos…
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Pagué y toqué el timbre.
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Este es uno de los inconvenientes de los hoteles boutique: hay que llamar, anunciarse y el portero eléctrico vibra dejándonos pasar al patiecito —aquí no hay lobby— donde una mujer que podría haber sido mi tía Conchita hace un gran esfuerzo por tenderme un llavero.
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Para que no me olvide donde estoy y no ose pensar que se trata de un hotel cualquiera han llenado mi recámara de fotos familiares en sepia. El primer día ni siquiera las miré. Al cabo de casi una semana a alguna le cuento mi día, a otra —gordita y con un vestido de flores— le rezo y he volteado la del que pudo ser el esposo de la abuela, un vetusto general cuyos bigotes rivalizan con las hileras de medallas.
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Es tan íntimo mi hotel boutique que me da miedo desarreglar la cama, ensuciar el inodoro o dejar tiradas las toallas en el baño. Qué delicia el anonimato del gran hotel donde sólo pueden decir: “Allí va el de la 308”. En donde ahora duermo, en cambio, siento que me miran con recelo: “Allí va el que ensucia el inodoro”. “Mirá que mal, ahora quiere desayunar el muy desprolijo, después de que deja todo tirado”.
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Por la mañana, un joven tímido me pregunta si quiero huevos. Por supuesto que quiero huevos, quiero todo lo que haya porque en los hoteles boutique no hay cena, no existe un piano bar de solitarios y tengo mucha hambre:
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— ¿Revueltos o fritos?
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— Revueltos —digo yo que estoy a punto de desmayarme
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— ¿Con jamón o con salchicha?
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— Con jamón. Tengo prisa.
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Cuando el joven tímido se retira me levanto y me sirvo de una hermosa jarra de cristal cortado una copa de jugo de naranja. Una tetera de plata que bien pudo en mejores tiempos ocultar al genio de Aladino me permite servirme café.
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Espero diez minutos y el joven regresa, sudoroso:
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— Se nos acabó el jamón, ¿ desea salchicha?
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Sólo un par de huevos. Con o sin salchicha me da igual”, pienso, pero le digo que sí, que está bien, por no herir su susceptibilidad. Si su familia no hubiese convertido la casa de su abuelita en hotel boutique él nunca le haría unos huevos a un desconocido.
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Cuando al fin llegan me los tengo que comer de golpe, han tocado a la puerta para avisar que ya vinieron por mí y que me espera un nuevo día de trabajo.
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Si hubiese estado en un hotel normal, vuelvo a pensar.
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En el taxi la amable chica que me trajo del aeropuerto inquiere:
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— ¿Qué tal el hotel?
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Como puedo desvío la pregunta, le hablo del ñandú, los gauchos, la yerba mate. Nada como poner color local de por medio cuando no se tiene nada que decir.
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Un cuarto de hora después pasamos por un enorme hotel, uno de verdad. Suspiro muy hondo y me digo que yo, si reencarno en argentino seré seguramente botones de este hotel, es al menos por hoy mi sueño más hondo.

Un poema, uno, ad hoc.

Amor (Rosario Catellanos)
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Sólo la voz, la piel, la superficie
Pulida de las cosas.
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Basta. No quiere más la oreja, que su cuenco
Rebalsaría y la mano ya no alcanza
A tocar más allá.
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Distraída, resbala, acariciando
Y lentamente sabe del contorno.
Se retira saciada
Sin advertir el ulular inútil
De la cautividad de las entrañas
Ni el ímpetu del cuajo de la sangre
Que embiste la compuerta del borbotón, ni el nudo
Ya para siempre ciego del sollozo.
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El que se va se lleva su memoria,
Su modo de ser río, de ser aire,
De ser adiós y nunca.

Hasta que un día otro lo para, lo detiene
Y lo reduce a voz, a piel, a superficie
Ofrecida, entregada, mientras dentro de sí
La oculta soledad aguarda y tiembla.
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El amigo que me enseñó este poema, comentó dos cosas: resume tu situación y le encantaba a Cortázar.

Dosfilos 106

Diario Milenio-Puebla (02/07/09)
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Como siempre, me hallo atento a que llegue bien a mis manos la revista Dosfilos. He distribuido ya el número más reciente que corresponde a los meses de marzo-abril, es el 106 luego de su larga trayectoria. Cada vez resulta una grata sorpresa recibir la revista Dosfilos, ilustrada por Luis Fernando. La leo y la releo con mucho placer. Sin duda, un esfuerzo extraordinario de su director para mantener, desde 1974, en circulación la revista y que ha sido un espacio para muchos escritores poblanos desde que el primer taller literario comenzó a funcionar en la Casa de la Cultura, allá por 1979, coordinado por el maestro Miguel Donoso Pareja.
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La Dosfilos 106 incluye ahora en sus páginas textos interesantísimos, muy recomendables para cualquier lector que quiera conocerlos. Por ejemplo, H. Javier G. Parada, escribe un ensayo que intitula “Aproximaciones monásticas hacia Thomas Merton” y José Vicente Anaya habla de Ernesto Cardenal, texto que leyó el autor el 5 de diciembre del año pasado durante la ceremonia de entrega del premio del Festival de Poesía.
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Anaya resalta del “poeta sacerdote” sus grandes temas: el amor terrenal, carnal, el amor a la vida misma. Es decir, dice Anaya, que Cardenal trata el tema del amor “en todas sus acepciones”. Y para argumentarlo cita al propio Cardenal: “Todos los apetitos y las ansias del hombre, el comer, el sexo, la amistad, son un solo apetito y una sola ansia de unión de unos con otros y con el cosmos”.
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Dosfilos también incluye un escrito de Patrick Doonan y Gary James: “Suzi Quatro: ayer y hoy y…”, en traducción de Georgia Aralú González Pérez, un grupo de Detroit de los años setenta. Como sucede con las reseñas, no debo dejar de mencionar aquí el ensayo que entrega Mario Calderón acerca de “Híkuri”, el libro de poesía de José Vicente Anaya editado por la Universidad Autónoma de Puebla en 1987 y con el cual obtuvo el Premio Internacional de la revista Plural.
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La revista Dosfilos también contiene una entrevista de Clara Uribe con el poeta Marco Antonio Campos donde se habla del nacimiento y los cambios que ha tenido Punto de Partida, revista de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México creada por Gastón García Cantú y dirigida luego por Eugenia Revueltas con el objeto de dar espacio y voz a los creadores jóvenes de la época. En Punto de Partida muchos de los reconocidos escritores mexicanos publicaron su primer texto, de ahí la importancia de la revista.
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Remito al lector a los poemas de Jorge Salmón y Laura Yasan que publica Dosfilos, son de muy buena calidad. Poetas de oficio. Ya circula Dosfilos 106

Los días sin Carmen. Día 20 –Miércoles 1 de julio

El día permaneció nublado, por la tarde la lluvia hizo acto de presencia. Fue un día normal, sin novedad alguna. Una que otra actividad, por la mañana pase al Covadonga a implantar mi firma en las actas que irán rumbo a la SEP, después pasé a visitar a Arturo. A la una ya estaba en casa.
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La Ilíada es pesada, pero voy haciendo la lucha. Son mil treinta y dos páginas y voy en la ciento sesenta y siete, espero leer en esta semana al menos unas trescientas cincuenta páginas. Sigo en espera de otros libros para reseñar, es muy probable que el sábado salga al DF en compañía de Arturo.

martes, junio 30, 2009

Los días sin Carmen. Día 19 –Martes 30 de junio

Un día de descanso, de escuchar radio y de empezar a leer la Ilíada, pues el siguiente semestre me toca dar clasicismo, literatura náhuatl, barroco y no sé qué más; entonces no puedo hablar sin conocimiento. También es un día triste, me enteré que murió Xavier Lamicq mi maestro en la secundaria en el Colegio Juventus, era una persona tan sabia y preparada. Siempre dispuesta a conversar con el alumno. Recuerdo que mis primeras pláticas sobre libros, política y más, fueron con él. Gracias a Lamicq conocí la literatura de Galeano.
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Quizá sea momento de buscar El mundo patas para arriba, para recordarlo y conversar con él, donde quiera que esté.

Clases de escritura

Diario Milenio-México (30/06/09)
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La pregunta no es nueva de ninguna manera y se seguirá haciendo mientras existan hombres y mujeres con manuscritos bajo el brazo: ¿es posible enseñar a alguien a escribir? La cultura norteamericana de la posguerra respondió a esta interrogante con un sí definitivo y entusiasta, asegura Louis Menand en un artículo del New Yorker hace no mucho tiempo. En “Muestra o declara. Deberían impartirse clases de creación literaria?”, el profesor de Harvard y colaborador asiduo tanto del New Yorker como del New York Times Review of Books recorre la larga aunque moderna historia de los programas universitarios de escritura creativa tanto a nivel de licenciatura como de posgrado en Estados Unidos para llegar a una verdecito más bien optimista: aun y cuando el autor nunca publicó un poema, el haber pertenecido a una de estas clases lo hizo partícipe “de una empresa frágil, aquella de la poesía contemporánea” cuya influencia se dejó sentir en todas las otras decisiones que tomó en su vida tanto como lector como ciudadano. “No la cambiaría por nada”, dice de su experiencia como estudiante en uno de esos talleres intensamente personales, a veces desgastantes y, a veces, en efecto creativos que se imparten en muchas universidades norteamericanas y, cada vez en mayor número, en países tan diversos como Gran Bretaña y México, Nueva Zelanda y Corea del Sur. ¿Pero es posible, de verdad, producir escritores en un aula?
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Menand, académico al fin, toma la ruta más documentada. Aunque ya existían clases relacionadas a la escritura desde 1897 (en Iowa hubo una clase llamada “Verse Making” desde esa fecha), el concepto universitario de Escritura Creativa o, como usualmente se denomina en español, Creación Literaria, no empezó bien a bien sino hasta en los 1920s, cuando se llevó a cabo la Bread Loaf Writer´s Conference en Middlebury, lugar en el que Robert Frost fungió como el primer Escritor en Residencia. Fue en 1936 cuando Iowa dio inicio sus ahora muy famosos Talleres de Escritura, otorgando por primera vez un grado de Maestría en Bellas Artes (diferente a una Maestría en Ciencias o Ciencias Sociales porque es un grado terminal) a escritores creativos. Después de la segunda guerra mundial, los programas para escritores no hicieron más que crecer. John Hopkins y Stanford le dieron la luz verde a sus seminarios de escritura en 1947. Cornell haría lo mismo apenas un año después. El proceso se multiplicó en los 60s, la década en que se contrataron más profesores universitarios en todos los tiempos. Si para los inicios de los 80s había 79 programas en Escritura Creativa en Estados Unidos, su número ha alcanzado un temerario 822 en tiempos más recientes. Los programas de posgrado, en este caso a nivel de maestría, han crecido a un ritmo comparable: de 15 en 1975, el número ha saltado a 153 hoy en día. La pregunta, por supuesto, sigue siendo la misma: ¿es posible, de verdad, enseñar a alguien a escribir en un salón de clase?
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Aunque hay pocas reglas, escritas o no, acerca de lo que un profesor debe enseñar en una clase de escritura, Menand también le dedica atención a los cambios de énfasis que se registraron lo largo del siglo XX en este aspecto. Del “mostrar vs. declarar”, que se convirtió más que en un lema, en un verdadero mantra de los talleres literarios de inicios del siglo, al llamado a “encontrar la voz propia” que resonó tanto en los 60s, es claro que la escritura —su función y su lugar, su círculo de influencia y sus “tecnologías”, su misma enseñanza— se ha transformado de acuerdo a conversaciones sociales más amplias. Pocos de los que entran a un salón de clase donde se imparten clases de escritura creativa se proponen transmitir “inspiración”, pero muchos creen que es posible “ejercitar” un oficio. Lugares como Iowa incluso llegar a afirmar que ellos pocos tienen que ver con la resonancia de varios de sus graduados (5 premios Pulitzer entre ellos), asegurando que no hacen más que mantener juntos por un cierto tiempo a aquellos de entre sus solicitantes que muestran mayor talento. “Es más lo que ellos traen”, dicen sin resabios, “que lo que se llevan de aquí”.
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El tema se presta, cual debe, a un sinnúmero de pullas y a charlas interminables (de preferencia alrededor de unas cuantas cervezas). Lo cierto es que un batallón importante y muy diverso de escritores norteamericanos contemporáneos se ha graduado de programas universitarios que bien pudieron ayudar (o no) al desarrollo de su oficio, pero que evidentemente no destrozaron su vocación personal o su genio. Menand nos recuerda que escritores tan diversos como Raymond Carver, Joyce Carol Oates y Ian McEwan son resultado de programas universitarios. Oates estudió la licenciatura en Escritura Creativa en Syracuse, mientras que Carver tomó clases en Chico State University, en Humboldt State Collage y en Sacramento State Collage antes de convertirse en un Wallace Stegner Fellow en Stanford. McEwan tomó clases con Malcolm Bradbury. Autores más contemporáneos como Ricky Moody, Tama Janowitz y Mona Simpson, asistieron a talleres de escritura casi al mismo tiempo en el programa graduado de Columbia y lo mismo hicieron, también casi al mismo tiempo aunque en la Universidad de California en Irving, Michael Chabon, Alice Sebold y Richard Ford.
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Yo, que no tengo nada resuelto al respecto, me pongo a pensar en estos datos y no puedo evitar relacionarlos de alguna manera con lo que ocurre en México. ¿Son más eficientes en realidad la bohemia y el café, el antro y la calle, el maestro personal y los talleres? ¿Es de verdad deseable que existan programas de escritura en instituciones universitarias del país?
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Veamos.

Los días sin Carmen. Día 18 –Lunes 29 de junio

Inicio de semana y por vez primera en muchos días el sol estuvo presente y la lluvia ni siquiera se asomo. Fue un lunes más movido.
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Empecé la madrugada con la lectura del poemario Habitado por dioses personales de Eduardo Casar, para luego continuar con La pantera de Marsella de Guillermo Samperio que terminaré en unas horas, mañana subo las impresiones que me dejo el monumento libresco a Krauze llamado El temple liberal. La mañana fue para estar en casa: desayunar, leer un poco y ver tele otro rato. Ya entrada las primeras horas de la tarde partí rumbo al Teatro de la Ciudad para presenciar la celebración de graduación de año de los alumnos del Covadonga, colegio en el que trabajo. El festejo fue emotivo y divertido. Es curiosa la sensación de haber dado clases a una serie de alumnos y saber que después de seis meses parten a formar parte del mundo universitario. Ahora a prepararse para recibir a los nuevos alumnos.
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Hoy recibí en el celular mensajes de Carmen, después de un rato de no saber de ella, sentí tan bonito. ¡Qué cursi me estoy poniendo, mejor me voy!

lunes, junio 29, 2009

El mito espeluznante

Diario Milenio-México (29/06/09)
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Jingle Thrills
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Me van a perdonar, pero no guardo luto sino horror. Por más que el bombardeo sea unánime y la noticia insista en atañer a todo el universo, no consigo eludir la visión de una nada gigantesca, si bien profusamente iluminada. Como esos fondos de inversión cuyos esquemas piramidales dejarán a la postre a sus inversores con las manos repletas de papel mojado, el mito Michael Jackson apenas tiene carne de dónde morder. Si me pongo en lugar de uno entre los millones que hoy se dicen sus deudos, encuentro menos información confiable sobre su vida real que la provista a los espectadores de King Kong, por citar a otro freaky de ficción. Y entre esos pocos datos hay tantos números involucrados —fueron del negro al rojo, con los años— que cabe preguntarse cuáles serían las dimensiones del mito sin la indiscreta colaboración de tantas cifras a la postre fatales. Toneladas de dólares yendo y viniendo para saciar la codicia infinita de la industria disquera y la megalomanía hueca de su hijo y producto predilecto. En medio, algunos álbumes y videoclips, producidos por los mejores profesionales que el dinero podía comprar. Nada muy diferente del proceso que lleva a la realización de un jingle publicitario. Contra los cuales uno nada tiene, pero tampoco espera que contengan emociones genuinas.
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Cierta vez, el gerente de una emisora radial me habló de una estrategia de comercialización que encontré poco menos que diabólica: pretendían convencer a la totalidad de sus anunciantes de enviarles solamente comerciales cantados, de forma que la música jamás se detuviera, y acaso ni siquiera se diferenciara. Digo que era una idea casi diabólica porque muy bien se sabe que al hombre del tridente no suelen ocurrírsele proyectos inviables, si bien no necesito ni esforzarme para imaginar un infierno ambientado exclusivamente con sonsonetes publicitarios y proselitistas. ¿Cómo explicarle al ingenioso gerente que un jingle y una canción son productos no menos distintos entre sí que, digamos, un slogan y un poema? Ni para qué. Ya entrados en la era de Madonna y Michael Jackson, donde cualquier cosa puede valer cualquier cantidad, se entiende que la cosa se reduzca a números. Del mejor álbum que grabó Michael Jackson pesará siempre más el dato de las copias vendidas que el de la producción de Quincy Jones.
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Vivir pantalla adentro
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El pecado de Warhol no fue vender como arte una lata de sopa Campbells, sino hacerse con tantos émulos al vapor. “Andy Warhol es el único genio que he conocido con un IQ de 60”, dijo Gore Vidal, seguramente sin reparar en el rebaño que ya venía detrás. Como era de esperarse, la diferencia —abismal, en teoría— entre vender sopas y elevar la cotización de una obra de arte donde la estrella es una marca de sopa, fue haciéndose sutil hasta borrarse en los dominoos de la práctica, donde no importa ya la intención, ni la emoción, sino la nitidez —que no la transparencia— del engaño. Fue justo en los mejores años del mito Michael Jackson que la tecnología hizo accesible todo engaño visual imaginable. Si podía concebirse, también podía filmarse.
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No olvido aquel concierto en el Estadio Azteca. El cantante de pronto despegaba del escenario y lo circunvolaba, al mando de un moderno artefacto personal equipado con sendas especies de turbina. Una excentricidad más costosa que osada, aunque sus seguidores —entre ellos muchos miles de niños— la festejaron inclusive después de enterarse que el cantante se valía de un stuntman para el efecto. Un doble intrépido que alborotaba al gentío mientras él descansaba, detrás del escenario. Un recurso muy válido, dirían, habituados a la escasez total de retroalimentación escénica. Si la gente no espera que la pantalla le devuelva otra cosa que nuevas imágenes, en las cuales no es concebible que incida un vil mortal, por qué había de quererse nada distinto cuando los personajes de la pantalla se trasladan a cualquier escenario. Desde el planeta Tierra, nada que concerniese al personaje —ni siquiera delitos evidentes que hasta entre presidiarios tienen el peor de todos los estigmas— podría nunca ser entendido como humano, ni por tanto juzgado o comprendido. Como si sucediera todo dentro de un foro, donde los abusados padres del niño abusadito salen bailando al ritmo de veinte millones de dólares y nadie se preocupa porque nada es real. Neverland no parece sino la capital de Nothingland.
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El peso de la marca
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Nada tuvo de extraño que se le viera en Disneylandia celebrando los 60 años de Liz Taylor —una mujer famosa desde los cinco años, que hasta entonces jamás había puesto un pie en una sucursal bancaria, y ni siquiera manoseado un cheque—. Uno y otra habituados al crosslifting de la fama mundial, no podían por menos de encontrarse en el mismo laberinto de cápsulas que se vuelve la vida cuando el usuario debe vivirla entera acorralado. Si ya el trabajo de conservarse humano implica largas y tortuosas sesiones de levantamiento de cruz, espanta imaginar el precio de vivir al cuidado de la propia etiqueta. Ser uno mismo sopa y cantarse su jingle. Vamos, en su lugar ya me habría metido no sólo drogas varias y poderosas, sino al cabo una cápsula repleta de cianuro.
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En 2001, el mito Jackson celebró treinta años de carrera en el Madison Square Garden, para lo cual pagó más de un millón de dólares a Marlon Brando por hacerse presente. Lejos de imaginar el extremo de tóxica irrealidad en el que hay que girar para verse obligado a rentar amigos célebres en el nombre de una leyenda plástica, puede uno sin embargo asomarse a la historia por los rastros de soledad y aislamiento que el personaje iba dejando tras de sí, condenado a elegir entre misantropía y antropofobia. Una historia alarmante donde las haya, agazapada tras el payasito angélico que asegura querer a todo el mundo con esa voz de autómata de Spielberg que hacía de él un niño de caricatura. Un niño escalofriante, si se piensa dos veces. Una especie de self-made monster que de pronto, no obstante, lo hizo a uno bailar, pero hace mucho tiempo le provocaba más miedo que otra cosa. Nadie mejor que Michael Jackson debió de haber sabido que ni el diablo es capaz de volar sin pagar. Ya lo decía el constructor de androides de Blade Runner: Flama que alumbra el doble dura la mitad.

domingo, junio 28, 2009

Me encuentro entre espantajos, emisarios del bien
y absurdos sacerdotes,
buscando la poesía que sea capaz de plasmar
la infinita belleza y la eterna dulzura
de la doncella del canto.
Y así poder honrarla.

Pero no sé escribir poesía.
Tengo mi corazón y una eterna devoción.

¿Te basta?

Los días sin Carmen. Día 17 –Domingo 28 de junio

Ha sido un día extraño, tranquilo y agradable. Extraño porque me paré a las diez de la mañana y resultó que mis padres aún no lo habían hecho. Después de haber atendido a Cooper y los pajaritos me regresé a la cama a seguir el sueño.
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Ya las dos y media más o menos, mi hermana y yo nos fuimos a comer al fast food de Plaza Dorada, debido a que mis jefes tuvieron un compromiso del cual afortunadamente nos pudimos zafar. Cada quien disfrutó de un subway italiano, mientras veíamos cómo Brasil se reponía de un 2-0 ante Estados Unidos. Ya comidos, retornamos a casa y sacamos a dar la vuelta a Cooper.
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Mañana será un día pesado, ir temprano a la escuela donde trabajo, para luego ir por la tarde a la ceremonia de graduación del mismo

Lo que es el ocio. Uno de los tantos test del facebook.

LO OBSCURO DE TU PERSONALIDAD- HOROSCOPO EGIPCIO
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HIJOS DE SELKET: Del 16 de febrero al 15 de marzo
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Simbología:
Es la contraparte femenina del dios Ptah con cabeza de leona. Asociada con la agricultura y el trabajo.
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Características:
Siempre van hacia delante con paso firme y perseverante. Incansables y de fortaleza física. Son metódicos, confiables y pacientes. Son obstinados y suelen tener fuertes prejuicios; aunque, a veces, saben escuchar. Bajo su apariencia modesta, poseen una mentalidad resuelta y lógica. Aunque son introvertidos, su energía los convierte en excelentes oradores. Poseen intuición. Darán apoyo moral y material a sus amistades y familiares. Necesitan que su pareja sea fuerte, dinámica y que les brinde protección.
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Planeta regente:
Es Neptuno, que los dota de bondad, espiritualidad y misticismo. Son personas románticas y serviciales.
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Objetivo de vida:
Nacieron para servir, ayudar, colaborar, entender y curar. Una de sus más importantes misiones será enseñarles a otras personas a actuar de corazón. Siempre se encuentran dispuestos a sacrificarse por los suyos.
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Cualidades:
Ningún otro signo posee la cualidad del auto sacrificio tan desarrollado como Selket y su mayor fuerza es la capacidad de inspirar, apoyar, elevar y curar a otros.
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Defectos:
Le cuesta tomar decisiones. Debe canalizar su energía hacia objetivos concretos para no dispersarse. Su reto es superar su miedo y tomar conciencia de su potencial.
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Misión para evolucionar:
No asumir la postura de víctima ni querer siempre lograr la aprobación de los demás. Para crecer, su espíritu debe aprender a ser más realista, objetivo y práctico.

sábado, junio 27, 2009

Los días sin Carmen. Día 16 –Sábado 27 de junio

Aunque pasé un tiempo con Cooper, caminamos por media hora en el fraccionamiento. Hoy fue un día consagrado al recuerdo de Michael Jackson, el último cantante que en vida impactó a todo el mundo. Su muerte ahora es motivo de llantos, como si se tratara de un familiar. Homenajes televisivos y cibernéticos se han dejado ver desde el mismo jueves que se dio la noticia. Con su muerte regresaron esos recuerdos de la infancia desde el pelear por comprar una lata de pepsi con el motivo de Dangerous hasta la fascinación que era ver a Michael Jordan con Michael Jackson en un video. Recuerdo que de chico llegué a rentar más 30 veces Moonwalker y no me aburría de verlo e incluso disfrutaba de ser el centro de atención en las fiestas familiares, cuando bailaba al lado de mi primo Alejandro las canciones Billie jean, Thriller, Beat it, Bad, etc.
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Pero mientras el mundo sigue conmovido por la muerte del Rey del pop. Mis ojos me anuncian que en otro lugar un ser amado de celebración la vida y llenándola de poesía. Lo que me llena de satisfacción y alegría, pues sé que se está cumpliendo la meta; pero al mismo tiempo me invade el miedo y el dolor que se siente cuando uno saber que el poema que tanto costó y dolió está por terminarse. Puede que sean sólo jugarretas de mal gusto que provoca el estar en casa.
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En los comerciales de Mtv que hacen homenaje al Rey del pop pasan una escena que en la que habla ante un público para definir la actitud del ser humano ante la vida, lo divide en dos: aquellos que caminan por la vida de forma segura, sin riesgo alguno y los que optan por andar en el sendero más salvaje y peligroso. Nada más cierto. Los primeros creen vivir una vida feliz, sin embargo se llenan de cadenas; mientras que los segundos se dedican a disfrutar la vida, a obtener experiencias y aprender de ellas, en el camino tropezarán varias veces y las críticas serán su pan continuo, pero están más llenos de vida que cualquier otro. Y esto es poesía en acción.

Los días sin Carmen. Día 15 –Viernes 26 de junio

Es cierto, ayer se me olvid'0 nombrar que el mundo se encuentra llorando al sufrir la pérdida de su último ícono: Michael Jackson. Como todo buen artista falleció en la decadencia, con mil rumores encima y a una edad considerable, sin dejar por fuera que fue noticia de primera plana en todos los noticieros del mundo, tema de conversación y motivo para expresarse en las cyber-comunidades.
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Por fin me pude reunir este día con Armando Mena, actual director de la librería del CCU de la BUAP, le presenté un proyecto, el cual no le pareció mal, pero se empata con algo que ya está realizando Fritz, entonces la nueva idea es buscar el trabajo en conjunto, ahora sólo espero la respuesta del buen Fritz.
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El transcurso de la tarde fue melancólico. No sólo por la lluvia y el granizo, también por las imágenes que por azar se dieron. Se fue la luz por una hora, la casa en penumbras, el ruido de la lluvia con granizo y yo en mi cuarto platicando con Cooper.
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No hay mucho que hacer últimamente en la red. Entrada la madrugada terminaré con el libro acerca de Krauze.